Las enseñanzas de los envejecientes y mi responsabilidad con ellos
Los
envejecientes del Hogar Plenitud Dorada me han ensenado mucho sobre la vida. Con
el paso de los años no solo viene el deterioro físico y mental en el ser
humano, también se posee la sabiduría que solo la experiencia nos deja. Todos
ellos han vivido distintas circunstancias: las guerras pasadas en las que
participaron como soldados, el PR. de antes,
el matrimonio y la crianza de hijos. Algunos el abandono en la vejez,
otros estar incapacitados y no poder valerse por sí mismos después de haber
sido autosuficientes y libres para
actuar y decidir. También están aquellos desconectados de la realidad por el Alzheimer.
De todos he aprendido. Sus enseñanzas para mi han sido el ser fuerte, respetuoso, amar la
patria, ser buen padre, luchar por mis convicciones y no rendirme. Tengo que
cuidar mi salud preventivamente para
evitar muchas enfermedades que llegan al
ser envejeciente. Ser realista y entender que no siempre la familia está a tu
lado en tu vejez, por eso debo prepararme por si me toca como le sucede a
varios de ellos el vivir en un hogar y no recibir visita de mis conocidos o
familiares. A ellos les demostré que no pueden perder la fe en la juventud. Hay
jóvenes como yo que los respetamos,
valoramos y los consideramos una fuente de sabiduría. Mi responsabilidad con
ellos fue el darle una visión distinta del joven de esta época, demostrarles
que habemos adolescentes que respetamos y valoramos a los envejecientes. Que estamos
dispuestos a ayudarlos, darle compañía y
afecto con paciencia y misericordia. Que
los valoramos y sabemos de los sacrificios que han hecho en su vida. Que nunca utilizaríamos
despectivamente la palabra viejo. Que pensamos que son un
ejemplo para las generaciones que los seguiremos y las venideras.
Benditos los envejecientes, son un divino tesoro para nosotros los jóvenes.!!!!
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